domingo, 25 de enero de 2015

Mi saxofón

Después de año y medio sin tocar el saxofón, después de muchas llamadas que me ha hecho pero jamás le hice caso. Llevo un tiempo pensando que el saxo era la salida de los problemas y por eso, aunque me daba muchísima rabia tener que ir a clase los sábados por la mañana, una vez allí todo cambiaba. Por eso año tras año me volvía a apuntar y el año que no lo hice me arrepentí. Por circunstancias varias (más bien porque mi profesor se fue y yo dudo que con otro volviera a conseguir eso que conseguí con él) no me he apuntado este año. Pero hoy ya no podía más, necesitaba desconectar del mundo, y después de un finde en el jardín pensando que la naturaleza era el mejor lugar para desconectar (mentira), me he dicho y que puede hacerme desconectar un rato? Porque lo necesito YA! Y ahí estaba, esa caja negra al lado del armario blanco del cuarto de invitados, llamándome, pidiendo que la abriera y que lo que tuviera que pasar pasase. La he abierto y  ahí estaba, tal y como le deje aquel junio del 2013, con la última partitura que toqué. He rebuscado alguna cancioncilla fácil de tocar, después de año y medio imposible acordarme de las notas pero lo voy a intentar. Y ahí estaba yo armando ese instrumento (al que tanto llegué a odiar) con muchísimo cariño, imaginándome que estaba apunto de empezar una clase. Me le he colgado, y no lo voy a negar, me ha costado hacerle sonar, pero me acordaba de todas las posiciones. He empezado con la escala de do y las notas graves bastante complicado, aunque supongo que después de tanto tiempo es normal. Después de tocarla varias veces y varios parones de pensar: deja de hacer el tonto, guardalo y ponte a hacer lo que hay que hacer. Me he dado cuenta de que esa era la magia de la música, la magia de hacer tocar un instrumento, gracias a ello desconectas del mundo. He intentado tocar Titanic (un desastre por cierto) y lo he guardado, limpiando todo lo mejor posible y esperando volver a verle muy pronto.

No hay comentarios:

Publicar un comentario