Hace poco leí una historia que me hizo llorar, no era una historia triste, simplemente describía algo que deseo y siento que nunca conseguiré. Al leerla me quede asombrada, ¿como puede llegar a mi una historia que describe tan bien con lo que llevo mucho tiempo soñando sin que yo la hubiera buscado? Y en cambio siento que por mucho que busque que mi deseo se cumpla cada vez estoy más lejos de conseguirlo. La historia decía así:
Una vez fui testigo del mejor truco de magia de todos los tiempos. Vi como alguien convirtió a una persona en estantería. Se colocó detrás, la agarró de los lados y la inclinó hacia delante. Todo se cayó al suelo. Cogió un trapo y un pulverizador lleno de un producto azul que olía genial. Limpió cada uno de los estantes, los laterales y la parte de arriba. Lo hizo con cariño y sin prisa. Y luego pasó horas, incluso días, en el suelo, entre todas las cosas que se habían caído. Dedicó a cada una de ellas todo el tiempo que creyó que necesitaba. Cuando cogía una la acariciaba, la observaba y meditaba profundamente si sería mejor para la estantería volverla a colocar o no. Algunas de esas cosas las dejaba en el mismo lugar en el que estaban, y otras las cambiaba de sitio. Posiblemente no era quien para decidirlo, pero la estantería parecía confiar plenamente en su criterio. Cuando terminó, la estantería se veía más bonita, más ligera, más capaz y más feliz. Y, por último, volvió a convertir la estantería en persona. ¿Sabéis? Es mi truco preferido desde que me di cuenta que a veces, aunque queramos, no podemos desaparecer. Por eso, y porque lo hizo sin ser consciente de ello.
Esta historia es un cuentococo que forma parte de la gran obra de arte de Coco Animaux y que a mi ya me ha conquistado.
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